Guerreras y guerreros de la Justicia Social

Compártelo:

Es muy probable que al público en general le suene más la frase «Guerrero/a de la Justicia Social», frecuentemente abreviado a «SJW» por sus siglas en inglés («Social Justice Warrior») que el Día Mundial de la Justicia Social, celebrado cada 20 febrero desde 2007. Sin embargo, alrededor de 2015 el término «SJW» empezó a ser usado cada vez más de forma peyorativa en la cultura popular hasta el punto de que ahora «SJW» se considera un insulto.

SJW según el Oxford English Dictionary es «un sustantivo despectivo que se refiere a una persona que expresa o promueve puntos de vista socialmente progresistas». En la cultura popular se aplica con frecuencia como insulto a personas activistas, artistas y comentaristas que abogan a favor de políticas de inclusión, discriminación positiva y las que favorecen la protección de las poblaciones vulnerables como son las personas refugiadas…etc. A los SJW se les señala como extremistas «woke», radicales, excesivamente políticamente correctos e intolerantes (una paradoja), cuando en realidad son promotores de políticas sociales a favor de la promoción de los derechos humanos, la inclusión y la igualdad.

El hecho de que ahora la nomenclatura SJW se utilice más como un agravio en lugar de describir algo positivo debe preocupar a toda persona que lucha en pro de la justicia social y debe dirigir nuestra atención al clima sociopolítico que está produciendo este cambio.

La estigmatización de las personas que promocionan la justicia social es lamentablemente, algo que también aqueja a las Organizaciones No Gubernamentales (ONG) que trabajan en este ámbito alrededor del mundo. No es ningún secreto que algunos gobiernos están entorpeciendo activamente la labor de muchas ONG que les resultan incómodas. Las ONG más afectadas son las que trabajan por la protección del medio ambiente, por la igualdad y por la diversidad, por la protección de las personas que migran y que buscan refugio, y por las poblaciones callejeras, en general, las que promueven los derechos civiles y políticos, temas inextricablemente relacionados con la justicia social. En muchos países algunos partidos políticos y medios de comunicación atacan a las ONG de Derechos Humanos e intentan desacreditarlas para que la sociedad pierda la confianza en ellas. Pero esto es mucho más que una crisis de imagen: recientemente en El Salvador, Guatemala, e incluso más cerca de casa, en Hungría y en Polonia, los gobiernos han ido mucho más allá de las campañas de desprestigio y han tomado medidas para imposibilitar la inscripción de las ONG, impedir que reciban fondos públicos o donaciones, les ahogan en burocracia y les someten a niveles desproporcionados de escrutinio y control.

¿Pero por qué debería preocuparnos la limitación de los espacios de trabajo de las ONG? Porque son esenciales para garantizar los derechos humanos y contribuir a que la democracia funcione correctamente. La ciudadanía necesita poder hablar con su gobierno regularmente para asegurarse de que respeta la ley, que no abusa de sus poderes, y para que trabaje respetando, protegiendo y garantizando los derechos humanos, no limitándolos. Los tribunales deben estar preparados para juzgar casos de irregularidades y la gente debe estar informada sobre cómo sus líderes están utilizando los recursos y poderes públicos. Las ONG tienen un rol importante en la supervisión de estas tareas del Estado y ayudan a garantizar la rendición de cuentas, cosa que puede convertirlas en blanco fácil para los regímenes autoritarios.

Las ONG pueden mantener a la sociedad al tanto de lo que está pasando en la actualidad para que podamos tomar decisiones bien informadas. Además, ofrecen canales de comunicación con los gobiernos, representan opiniones de la base social y pueden dinamizar una protesta pública o la firma de una petición. Finalmente, muchas realizan un seguimiento de cómo los gobiernos utilizan sus poderes y, a menudo, los llevan a los tribunales si han infringido la ley. Al igual que los medios de prensa libres y los tribunales independientes, las personas defensoras de derechos humanos son actores clave para garantizar que el poder público y los recursos se utilicen para el interés general.

La Asamblea General de la ONU en su declaración de 2007 sobre justicia social reconoce que el desarrollo social y la justicia social son indispensables para la consecución y el mantenimiento de la paz y la seguridad. Y al mismo tiempo, el desarrollo social y la justicia social no pueden alcanzarse si no se respetan todos los derechos humanos y las libertades fundamentales. Por lo tanto, la labor de las ONG que trabajan directamente o a través de sus contrapartes en países en vías de desarrollo para erradicar la pobreza, promover la igualdad y el bienestar social y que apoyan a las personas defensoras de derechos que tantas veces ponen en riego sus vidas, son esenciales. Es tiempo de que luchemos todos y todas por un mundo más justo. Es hora de ser guerreros y guerreras de la justicia social. #EsHoraDeCooperar.

Por Daniel Butler. Asociación Navarra Nuevo Futuro.

Publicado en Diario de Noticias:

close

Suscríbete a nuestro boletín